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ADOLESCENCIA

"...y descubres, como si te arrinconaran y te comieran a puñaladas, que los sueños y los amigos iban quedando atrás, fantasmas tristes, agónicos, hasta convertirse en puntos cada vez más invisibles en el recuerdo".
Ciudad Jamás Perdida



Boletín donde publicó su primer cuento a los 15 años

Odiaba las Becas, pero conoció todas las de su época porque sus padres, entregados al proceso revolucionario en el país, decidieron internarlo, desde la educación secundaria, en las escuelas construidas en el campo para inculcar en los estudiantes la necesidad de vincular el estudio con el trabajo, "para forjar así la nueva generación, la del hombre nuevo". Sólo al llegar a la Universidad logró dormir en su propio cuarto, en su casa de un reparto marginal en Santiago de Cuba.

"Si mi infancia fue absolutamente feliz, llena del cariño de mis padres, esos años de mi adolescencia fueron difíciles: hermosos y terribles a un tiempo". Conoció las malas condiciones de aquellas escuelas internas. Sufrió todas las enfermedades que asolaron la isla por esos años, "porque la alimentación y la salubridad era tan mala que yo tenía más orejas que cuerpo. Era orejas y puro hueso, más nada". Conoció de cerca el egoísmo, la traición, y un mal que "hoy es dueño de casi todos en este país": el individualismo. También conoció el amor. Y el sexo furtivo, que podía provocar la expulsión "por amoral y libertino".

Gracias a su facilidad para aprender, "porque jamás me gustó estudiar", logró notas excelentes que le permitieron optar por las mejores carreras en ese tiempo: Psicología, Derecho y Periodismo. Pidió Licenciatura en Periodismo.

Todavía odia las becas.

Infancia Adolescencia Universidad Periodista
Publicista Editor Escritor Cristiano

 

 
 
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