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ENTRE EL MIEDO Y LAS SOMBRAS

Jesús Lens Espinosa, escritor español

 

Si vas recorriendo los anaqueles de tu librería favorita, sin intención clara de comprar nada en concreto, y das con un título así, ¿cómo no te vas a parar de inmediato para echar un vistazo al libro de marras? Lo coges, te quedas mirando la foto en blanco y negro de la portada: unos tipos encendiendo un cigarrillo en un turbio garito; y reparas en el nombre de el autor: el cubano Amir Valle. Se terminó el mariposeo literario. Pagas el libro y te vas a casa. Apenas son las ocho de la tarde.

Te pones cómodo en el sofá y comienzas a leer. - "Curiosa dedicatoria" - piensas cuando lees que el libro es, entre otros, para tres reconocidas personalidades de la literatura criminal, "porque me han hecho creer en el poder de la novela negra". ¿Tiene, de verdad, algún poder la novela negra? El caso es que Amir es autor de otras dos novelas criminales, protagonizadas por Alain Bec, un poli de La Habana, muy de su barrio, un barrio en el que, a veces, las lealtades le obligan a hacer encaje de bolillos durante sus investigaciones. O sea, que el terreno que pisa le es familiar.

En esta ocasión, igual que en Las puertas de la noche y en Si Cristo te desnuda , la historia que nos cuenta Amir está rigurosamente basada en hechos reales, lo que no hace sino darle un plus de emoción e interés a una trama que te atrapa desde la primera página, con una prosa tan ágil como poderosa. Atendamos, por ejemplo, a la descripción de un crimen pasional: "Una satánica masacre. No paró de darles machetazos a sus cuerpos desnudos, sudados, pasmado el gozo del coito por el susto de la muerte, hasta que no estuvo él mismo salpicado de tanta sangre que no logró ver más nada y se detuvo para ir a limpiarse la cara al lavabo del baño." ¡Ahí queda eso!

Sin embargo, en Entre el miedo y las sombras , Alain no está. Se ha ido al otro extremo de Cuba, tomando el protagonismo absoluto de la historia el viejo Alex, otro de los personajes habituales en la narrativa de Valle. Alex es el capo del barrio, una especie de segundo padre de Alain, que sabe todo lo que se cuece en sus dominios. Por eso, cuando aparecen tres cadáveres enterrados en la tumba equivocada, Alex se ve obligado a desentrañar el misterio. ¿Quiénes son y porqué están convertidos en fiambres?

Las pesquisas de Alex van sacando a la luz una realidad que el estricto régimen socialista cubano se niega a aceptar: la del creciente tráfico y consumo de drogas entre los locales y las decenas de miles de turistas que cada año visitan la Perla del Caribe. Una lacra como la de la drogadicción debería ser propia y exclusiva de las decadentes sociedades capitalistas. En el paraíso socialista, sencillamente, no cabe. Por tanto, los cuadros del Partido hacen lo posible, y hasta lo imposible, para que no se hable de ello. Pero la realidad está ahí, y todo el que tenga ojos en la cara puede verla.

Una realidad que el viejo Alex conoce bien, no en vano dió sus primeros pasos por los bajos fondos de la mano de tipos como Meyer Lansky, Lucky Luciano o Al Capone. Ahí radica, precisamente, la grandeza de "Entre el miedo y las sombras": al darle a Alex el papel protagonista, podemos ver, a través de sus ojos y sus recuerdos, cómo las cosas no son tan diferentes ahora y entonces, ya que el plan sigue siendo "llenar la isla de hoteles, concebir un nuevo país de cara al turismo, así de simple, aunque ese cambio trajera prostitución, droga, nuevas clases sociales. La misma idea de aquellos mafiosos. Y la misma mierda como resultado." Es éste un párrafo clarividente que demuestra cómo a Amir Valle le duele Cuba. La Cuba de sus amores y sus desvelos. Esa La Habana, arquitectónicamente ecléctica, en la que los edificios se caen a pedazos y sus vecinos huyen, arrojándose al océano en busca de una oportunidad. Y como le duele Cuba, Amir grita de dolor. Sus novelas suenan como aullidos. Aullidos altos, valientes, claros y diáfanos, en los que llama a las cosas por su nombre.

A eso de las doce y media o la una, habiendo terminado de leer las últimas y majestuosas páginas del libro, la pregunta vuelve a rondarte: ¿Tiene poder la novela negra? Siempre has pensado que sí. Ahora, sin embargo, estás seguro. Porque tipos como Amir Valle o su compatriota Lorenzo Lunar Cardedo se están jugando nada menos que su libertad al publicar sus novelas negras en la editorial granadina Zoela. En la Europa democrática del siglo XXI, escribir novela negra puede ser un juego, una aventura o un pasatiempo. En la Cuba castrista, sin embargo, es una cuestión de dignidad, de valentía y de cojones. De esos cojones de los que Amir y Lorenzo van sobrados. A sus libros me remito.

 
 
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Columna de opinión del escritor