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EL ICEBERG INVISIBLE: COMO ELEFANTES BLANCOS
Cuentan que Hemingway, en esos años vividos en La Habana, gustaba de mirar cómo las hormigas arrastraban hojillas y alimento seco hasta el fondo de sus cuevas, bajo la tierra; que permanecía extasiado, detenido en la lectura, en la piscina, escuchando el chirriar de alguna cigarra, el trinar de algún pájaro; que como un niño mortificaba a sus gatos, cuyas tumbas hoy presiden un costado de la piscina, en el sitio de honor que él mismo les dio; que subía a la torre a contemplar aquella ciudad que tanto había visto cambiar en más de veinte anos. Dicen, quienes hoy cuidan la casona, que aún se escuchan sus pasos de gigante en todos los rincones de Finca Vigía, en el mismo San Francisco de Paula adonde una vez fue a refugiarse, como él mismo diría, "de toda esa miseria humana que agobia al hombre".
Poco se ha escrito sobre la permanencia de su hálito intelectual, de su marca de estilo, de sus enseñanzas éticas y estéticas, en muchas generaciones de escritores en el mundo y, sobre todo, en nuestra isla. Este libro pretende ser eso: un sencillo recuento desde las letras de cómo el nombre del Premio Nobel de Literatura ha sobrevivido en otros escritores que hoy tienen un ganado espacio en las letras cubanas del fin de siglo.
El Concurso Nacional de Cuentos "Ernest Hemingway", convocado por la Casa de Cultura de San Miguel del Padrón y por la Casa Museo Finca Vigía, se ha convertido en los últimos años en un sitio importante de esa lidia literaria fraternal, abundante en cualquier rincón del país, del cual han salido un gran porcentaje de esos nombres que hoy encuentra el lector en antologías, revistas y estudios críticos sobre narrativa cubana, lo que ha otorgado a sus premios casi una condición de legitimación o carta de presentación de gran validez a la hora de presentarse en el escenario literario nacional.
En su primera etapa, desde 1989 a 1993, se otorgaban tres premios a cuadernos integrados por tres cuentos de cada autor. A partir de 1994 y hasta hoy, se otorga un premio único a un cuento, lo cual hace aún más rigurosa la selección del ganador. Desde los mismos inicios comenzaron a aparecer entre los premiados un grupo de autores que años después irían ganando premios mayores y publicando libros en editoriales nacionales e internacionales; razón esta que fortalece aún la idea de mantener este importante concurso, desarrollado contra viento y marea, aún en los momentos más difíciles atravesados por nuestro país en la última década. Alexis Díaz Pimienta, Jorge Domingo, Atilio Caballero, José Antonio Martínez Coronel, Francisco García González, José Miguel Sánchez (Yoss), David Mitrani y Alberto Guerra Naranjo, por citar a los más destacados hoy, con la calidad y madurez literaria alcanzada con su obra en la actualidad, forman parte de ese prestigioso elenco de narradores que sigue creciendo, con nuevos aportes que darán mucho que hablar a los críticos que se ocupen del estudio de nuestras letras. La presente selección responde entonces a ese criterio: se encuentran aquí, los ocho narradores que obtuvieron premio en este concurso y que hoy son voces imprescindibles en el actual concierto de la Narrativa Cubana.
Cuentan que muchas veces, al levantarse y antes de nadar su piscina diaria, subía a la pequeña torre, a un costado de la casona, y miraba el despertar de La Habana: la ciudad brotando de las sombras bajo el embrujo de ese mismo sol caribeño que tanto aparece en su novela "El viejo y el mar".
Hoy, quienes visitan la Finca Vigía, donde en la actualidad se encuentra el Museo "Ernest Hemingway" pueden disfrutar también de esa hermosa vista de la capital cubana, desde ese oasis de paz, y armonía donde vivió gran parte de su vida y donde decidió quitarse la vida con un disparo que aún resuena bajo el signo del misterio y en las letras de quienes cada año siguen las huellas de su nombre desafiando ese iceberg invisible de la creación que sólo se muestra majestuoso, imponente, cuando se logra el milagro de la concepción literaria.
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