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TODAS LAS VOCES DE EVA
Ó
¿Por qué escribo, investigo y antologo la cuentística escrita por mujeres?

 

Mucho me han preguntado por mi interés en la narrativa escrita por mujeres. "Me gustan las mujeres", he respondido, en broma, simplemente porque me molesta que alguien vea ese interés como algo raro, como algo inusual, ya que, aunque suene cursi, la mujer es la creación más hermosa de Dios y es la fuente más fabulosa de todos los tipos de belleza que han existido sobre la tierra. ¿Por qué entonces es raro que un hombre se interese por leer lo que escriben las mujeres?

No hablo de feminismos: esas divisiones, aún cuando tengan razón para su florecimiento en estos dos siglos de luchas por la emancipación de muchas cosas, me parecen segregacionismos que no debieran existir.

La mujer escribe. Y eso es lo que importa.

Para mayor justicia, debo escribir aquí: la mujer cubana, desde que comenzó sus luchas emancipadoras, ha dejado en la cultura cubana una larguísima y fértil estela que nadie puede menospreciar; una estela, por cierto, de tanta calidad como esa otra estela (más publicitada, es cierto) que han dejado los hombres.

Quizás sea verdad que soy el único cubano que ha logrado publicar tres antologías del cuento escrito por cubanas.


Aida Bahr Valcárcel

Todavía recuerdo el asombro de algunas escritoras (y algunas trampillas, justo es decirlo: "¿un hombre haciendo antologías de mujeres?", cuestionaban) cuando la editorial Letras Cubanas publicó en 1999 El ojo de la noche. Nuevas Cuentistas cubanas , un proyecto donde presenté al lector cubano veintiséis autoras, de las cuáles solamente eran conocidas cinco y que recordaba la existencia de narradoras totalmente apartadas pero de calidad en las provincias del resto del país (obviadas, hasta esa fecha, con la excepción de la narradora Aida Bahr, de todas las antologías realizadas en Cuba).

Luego aparecerían Caminos de Eva: Voces desde la isla , publicada en el 2002 por la editorial puertorriqueña Plaza Mayor, como parte de un proyecto de la Colección Cultura Cubana, que propone recoger la creación de cuentistas cubanas residentes en la isla (el ya publicado) y de residentes en otros países del mundo, en este último caso actualmente en preparación bajo el título: Caminos de Eva: Voces más allá del mar .

También ese año, por la colección Mariposa (dedicada a la escritura de la mujer y sobre la mujer), en la editorial Oriente, apareció Té con limón. Cuentos eróticos , donde me propuse ahondar en la mirada que sobre el erotismo proyectaba la cuentística escrita por la mujer cubana.

Se trata, entonces, de honrar a quien honra merece, y por ello, a quienes me han preguntado al respecto, contesto con otra pregunta: ¿es un pecado que un escritor se interese en promover la obra de sus colegas?, ¿por qué nadie me ha preguntado cuál es mi interés por la obra de mis coterráneos (nótese la marca de género: masculino) que he reflejado en varias antologías del cuento cubano, donde (también) incluyo a las más destacadas escritoras?

Como narrador, mi respuesta podría ser: "porque hago con ellas lo que otros, en mis inicios, hicieron conmigo: abrirme espacios".

Como crítico, podría responder: "porque hoy el discurso de la escritura hecha por mujeres en la narrativa cubana es de una diversidad estética y estilística en realidad alucinante".

Honor a quien honor merece, repito, y ellas se han ganado ese espacio.

Me opongo, además, a las exclusiones realizadas por diversos críticos, estudiosos y escritores de todas las orillas del asunto "Cultura Cubana", especialmente cuando he ido comprobando que dichas exclusiones responden a motivos extraliterarios, a rabias personales incluso, todo (motivos y rabias) bañados por las pútridas aguas de las discusiones políticas que empañan la unidad necesaria de todos los cubanos en el derecho que como tales tienen en el discurso sobre la salvación del país.


Karla Suárez.
Foto cortesía de Francesco Gattoni

De ese modo, lo confieso, tanto derecho tiene de ser escuchada la narrativa solidísima de Aida Bahr como la obra de Zoé Valdés (aún cuando siga creyendo que lo mejor de todo lo escrito por ella es Sangre azul ); tanto derecho a existir y a ser valorada por la crítica literaria tiene la novelística de Marta Rojas (defensora absoluta del actual gobierno) como la novela de Yanitzia Cannetti Al otro lado , donde se hurga en muchos aspectos sucios de la sociedad cubana del siglo XX bajo el mismo gobierno; tanto derecho a existir y ser analizadas tienen las novelas de Ena Lucía Portela, afincadas en la más absurda y cruda realidad cubana actual, como la novela La viajera , de Karla Suárez, en mi humilde opinión la más sólida creación literaria sobre un asunto tan espinoso como el exilio cubano.

La diversidad temática de la actual narrativa cubana escrita por mujeres (y nótese que en ningún caso hablo de "narrativa femenina") es el resultado de la creación de más de dos centenas de narradoras que escriben desde la isla o desde los países donde viven el exilio (o donde viven, simplemente, pues también hay muchas otras razones para el éxodo).

Muchos años han pasado desde que comenzó la explosión de esta narrativa, aunque la mayoría de los críticos suelen ofrecer fechas coincidentes en el estallido cultural que para América Latina significó la entonces triunfante Revolución Cubana.

De allá hasta hoy hay una vastísima producción y, por suerte, esa producción fue acogida (sabemos que no en toda su dimensión) por el universo editorial de los entornos geográficos donde han residido sus autoras, ya que a las grandes transnacionales del libro sólo han accedido unas pocas. Por suerte, la crítica se ha ocupado de ellas (aunque también no todo lo que merecen), y ahí están los trabajos de Madeline Cámara, Eliana Rivero, Ruth Behar, Nara Araujo, Lourdes Gil, Tania Pérez Cano, Zayda Capote, Luisa Campuzano, Susana Montero y Mayra Hernández, por sólo mencionar las que vienen a mi mente en un primer y leve esfuerzo.

Están las obras. Muchas obras. De mucha calidad. Y mencionaré solamente algunas de las que he tenido conocimiento porque las he leído o porque algo de ellas he leído. Las coloco sin orden de prioridad ni preferencia. Pero una simple ojeada bastará para que los conocidos del tema noten que quien analice esas obras podrá obtener un solo resultado esencial: la fortaleza de la narrativa cubana escrita por mujeres en todos los sitios del universo donde habitan su propia y muy íntima Isla.

 

Achy Obejas - Memory Mambo

María Elena Llana, toda la cuentística

Sonia Rivera-Valdés - Historias prohibidas de Marta Veneranda

Mirta Yánez, toda la cuentística

Mireya Robles - Una mujer y otras cuatro

Esther Díaz Llanillo - Cuentos antes y después del sueño

Uva de Aragon - Memoria del silencio

Aida Bahr - Las voces y los ecos

Claribel Terré - Cubana confesión

Marilyn Bobes - Alguien tiene que llorar

Rita Martín - Sin perro y sin Penélope

Adelaida Fernández de Juan - Oh, vida

Teresa Dovalpage - Las posesas de La Habana

Gina Picart Baluja - Malevolgia

Yanitzia Canetti - Del otro lado


Anna Lidia Vega Serova

Anna Lidia vega Serova - Noche de ronda

Cristina García - Dreaming in Cuban

Mylene Fernández Pintado - Anhedonia

Ana Menéndez - In Cuba I was a German Shepherd

Ena Lucía Portela - El pájaro: pincel y tinta china

Beatriz Rivera - Playing with Light

Oneyda González - Las cinco y una noche (Tomo de las ingenuidades)

Andrea O. Herrera - The Pearl of the Antilles

Lourdes González Herrero - Papeles de un naufragio

Marcia Morgado - Memorias eróticas de una cubanoamericana

Ana Luz García Calzada - Video, graffiti y otros tatuajes

Daína Chaviano - El hombre, la hembra y el hambre

Elvira Rodríguez - Estrategias de una mujer madura

Zoé Valdés - Sangre azul

Nancy Alonso - Tirar la primera piedra

Himilce Novás - Mangos, Bananas and Coconuts.

Mayra Montero - Como un mensajero tuyo

Marlene García - A solas con Casandra

Carolina García Aguilera - Bloody Secrets (y su serie de novelas negras)

Karla Suárez - La viajera

Rebeca Murga - Historias al margen

La obra toda de Hilda Perera

Marta Rojas - Santa Lujuria

O los cuentos de Nivaria Tejera, Odette Alonso, Lucy Araújo, Rosa Ileana Boudet, Diana Fernández, Souleen Del'Amico, Rosa Elvira Peláez, María Liliana Celorrio, Margarita Fazzolari, Felicia Hernández Lorenzo, Maya Islas, Laylí Pérez Negrín, Nidia Fajardo Ledea, Gleyvis Coro, Zoelia Frómeta, Agnieska Hernández, Yamilet García Zamora, Katia Gutiérrez, Lidia Señarís Cejas, Yania Suárez, Midiala Rosales, Yordanka Almaguer, Jacqueline Herranz-Brook, Olga Lidia Pérez Rodríguez, Khaterine E. González, Elvira Van Brakle, Milena Rodríguez Gutiérrez, y Lourdes de Armas, por sólo mencionar a las que he leído.

O la literatura infantil escrita por Ivette Vian, Enid Vian, Nersys Felipe, Exilia Saldaña, Julia Calzadilla, Susana Haug, todas en Cuba, pues no he tenido acceso a obras de ese género escritas por cubanas en otras latitudes.

Pero si no bastara, ahí quedan, como monumentos literarios, la obra de nuestros clásicos más recientes: Lydia Cabrera, Dulce María Loynaz, Dora Alonso, Reneé Méndez Capote, Fina García Marruz.

Todo un mundo de tentaciones para que cualquier escritor se acerque a la producción cuentística y novelística de generaciones y generaciones de narradoras cubanas.

Todo un mundo de tentaciones para que, si alguien se atreve a cuestionar ese interés, uno responda: "desconocer la obra de esas mujeres que hoy fabulan todas las variantes de su Isla, desde muchos sitios de esa propia Isla y desde otros sitios del mundo, es una estupidez que ningún intelectual que se respete puede permitirse".

 

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